Bruja

Para el pueblo, eran las llamas donde purificaría su alma; para ella, aquel fuego representaba vida para su furia, fuerza para su venganza, elegía al amor por el Señor de las Tinieblas.

Y mientras esperaba en encuentro con su Amo, fuma tranquila, ante las miradas ávidas de muerte.

Sin luz

10 de la noche, se hacían las últimas cosas de rutina antes de ir a dormir; repentinamente un corte de energía dejó en total obscuridad y en silencio profundo toda mi casa.

Segundos después, intento adaptar mis ojos a la oscuridad para mirar los muebles o sus sombras para no tropezar con ellos cuando me dirigiera a la cocina, al baño, al comedor o la recámara, pero en esos instantes me sentí “rara”, como si varias presencias se hicieran presentes.

Tragué saliva al mismo momento en que las palpitaciones de mi corazón se aceleraban y mi estómago subía su temperatura debido a la adrenalina que me incitaría a correr si fuera necesario.

Mis pupilas se dilataron cuando de pronto, en el piso blanco de la sala, cinco sombras sentadas alrededor de un círculo con una estrella dentro, cuyas puntas tenían una vela escurrida encendida, voltearon a verme.  Sonreían grotescamente y sus ojos amarillentos y rojos penetraron lo más profundo de mí, llenándome de temor e incertidumbre. Movían sus brazos en círculos sobre el círculo del piso como invocando, en tanto yo sólo los miraba.

Cerca de mi puerta, una siniestra  sombra se mantenía en pie como franqueando el paso a quien entrara o saliera; alcé las cejas como interrogando.  Dirigió una pesada mirada a mi y al momento, un frío estremecedor recorrió mi espalda de arriba abajo.

En el descanso de la escalera, un ser descarnado ataviado con su túnica en jirones, esperaba recargado en la esquina con una mueca terrorífica, ojos de odio y sus flacos brazos extendidos para atrapar a alguien.  También mi miró fijo, babeó asquerosamente mientras salía de su boca un hedor helado, haciéndome temblar.

La cocina estaba ocupada por un espectro de larguísima cabellera negra que le cubría parcialmente la pálida expresión de horror eterno;  sus manos huesudas con uñas largas y afiladas, estaban como dispuestas a desgarrar mi carne y piel, para después devorar mi interior ávidamente. Alzó sus negros ojos, y al toparse son los míos, emitieron un brillo siniestro, que provocaron mis angustias de terror.

En la mesa del comedor departían espectros de monjas o sacerdotes que sabía yo, eran presencias demoniacas que provocaban un terror interno.  Todas al mismo tiempo susurraban cosas ininteligibles, me veían y reían perversamente.  Me amenazaban con odio cuando brindaban con sangre tibia.

En el paroxismo del terror, a punto de gritar y expresar todo el miedo que sentía en ese momento, sin pensar más nada que en correr y ponerme a salvo, la energía eléctrica regresó y las lámparas iluminaron la casa, techo, paredes, todo, mostrando a mis ojos que conmigo no hay más nadie, que mi hogar es libre de horrorosos seres, y alegrando mi vista con la presencia de mi familia y una imagen de Cristo, que cuida mi casa y las almas de los míos y la mía propia.

Revancha

Ya había acabado todo y estaba satisfecha.

Se sentó pesadamente en el piso de lozetas blancas de su espaciosa cocina, su mirada estaba puesta en la nada, las facciones de su cara mostraban un agotamiento físico extremo y también una actividad mental agotadora.

Respiró resignada ante lo que sabía aun le esperaba de trabajo de casa por hacer antes de que llegara su esposo y sonrió amargamente para sí al momento en que a sus ojos volvía un brillo singular y siniestro.

El enojo inicial con su marido ya había desaparecido pues ya había tomado venganza y consumada su revancha.  Tan solo quedaba justificarse ante si, pues las acciones de su pareja la habían hecho enfurecer, algo que no sucedía antes; pero él se negó a cumplir caprichos y necedades de ella; se le hizo injusto, por eso, la rebeldía saltó de su interior y se dijo a si misma que siendo una buena esposa, no se valía que su esposo le negara las cosas, incluso el sexo cuando era tal solo eso lo que pedía. Estaba tan enojada y frustrada que juró que no se iba a quedar así la cosa, que se iba a vengar.

Ese mismo día se arregló coquetamente, colocó un rojo carmín en sus labios, una blusa escotada y una falda corta, su hermoso cabello castaño descansaba en sus blancos hombros salpicados de lunares, arregló sus uñas con un color rojo encendido y  salió en su auto, sonriente.

Ahí hay un hombre, ni apuesto ni poco agraciado, es más, no importa como sea, servirá para sus fines.  Se coloca junto a él, le brinda una sonrisa seductora y lo invita a salir con ella. El duda un instante, pero le gusta lo que ve y empieza a excitarse con lo que pueda pasar.

15 minutos más tarde, sobre una carretera recién abierta al público, el aire despeinaba los femeninos cabellos; ella buscaba el mejor lugar para detenerse; lo ha encontrado, es un paraje aún más solitario que la carretera misma, acotamiento amplio, un loma pequeña que sirve de parapeto y donde más adelante crece mucha hierba entre verde y seca al lado del camino.

Invitó sensualmente a su acompañante a pasar al asiento trasero del auto junto a ella.  Ya ahí, él espero unos segundos para saber qué hacer para actuar.

La exquisita boca de la mujer lo besó ardientemente, abrió sus piernas y se sentó sobre él.  Claramente sintió la respuesta esperada: un abultamiento bajo el pantalón, una erección rápida y firme, perfecta.

Bajó la blusa para dejar al descubierto sus senos que él devoró ansiosamente mientras ella echaba su cabeza atrás para ofrecerlos y tomaba los cabellos de él para atraerlo más a su cuerpo.  5-10 minutos duró ese manoseo y jugueteo sexual. 

El quiso penetrarla, ella no lo dejó. A cambio, permitió poseerla tan sólo con sus dedos, con las manos. Aun de esa forma, la lujuria los poseyó de una manera incontrolable, a tal grado, que en medio de gritos de placer y gemidos por parte de ambos, terminaron humedeciendo él su cremallera y ella el resto del pantalón, además del asiento del auto con su éxtasis.

Quedó fascinada, y hubiera querido más para siempre,  pero determinó que la infidelidad no iba a hacerla su presa nunca, pues no creció con esos principios. Era una mujer “decente” para todos los que la conocían. Por ello después de haber usado al infortunado, pensó en cómo deshacerse de él poco a poco para que no quedara evidencia;

Después de entregarse a su desconocido dentro de su auto y al filo de la carretera, lo besó apasionada y sorpresivamente enterró fúrica sus rojas y filosas uñas en el cuello del hombre, desgarró de un tirón la carne y la venas hasta que al desangrarse, la vida masculina se apagó.

Al acabar, aun sentada sobre él, miró aquel cuerpo inerte y sonrió con fastidio. Con una gran sangre fría, saco algunos implementos con los cuales cuidadosamente lo destazó, se colocó frente al volante, empezó a manejar de regreso a casa; a través de la ventana, fue tirando por el camino aquel cuerpo en pedazos, hasta que lo último que quedó de momento, fue la mano derecha que decidió meter en una bolsa negra.

Al llegar a su casa, limpio su auto, llevó la bolsa negra a la cocina … realizó algunas acciones de arreglos, limpieza necesaria y orden que ocultaran sus acciones.

Fue así que se encontró sentada en el piso de la cocina, donde sacó de la bolsa la mano restante de su amante furtivo… sosteniéndola con el pulgar y el índice, la miró por largo tiempo, la acercó a su nariz para percibir en ella su propio olor, suspiró y pensó que  esa mano  la hizo disfrutar el mejor orgasmo de su vida, porque combinó enojo, desquite y ganas, la volvió a mirar con desdén,  después la aventó a la basura y empezó a hacer la cena para su marido.

Sorpresivo despertar

Mariano quien está apenas entre los 30-32 años, es un arquitecto prominente, eficaz y triunfador en su área. Ha alcanzado altos estándares en su vida personal y sus metas cada vez son más impresionantes. Ha hecho de su currículo algo que habla de sus esfuerzos y disciplina personal para sus propios logros.
Es un hombre de estatura mediana, blanco de piel, cabello castaño, ojos cafés y sonrisa pícara que le ha brindado enormes oportunidades para disfrutar del asedio femenino con flirteos, coqueteos “profundos”, amores apasionados de corto y mediano tiempo, pero sin duda alguna, espera ansioso que le llegue el amor verdadero.
Angela es una esbelta y linda mujer que se sabe atractiva para el ojo masculino; tiene un largo y rizado cabello obscuro y brillante que sobresale sobre su piel clara, senos proporcionados, caderas algo estrechas pero no demeritaban en nada su belleza, su linda cara luce un par de ojos café obscuro enmarcados en poco maquillaje, una boca grande y sonriente con una dentadura sin problemas. Coqueta natural, sonríe.
Única mujer nacida entre cuatro varones, fue criada de manera consentida y sabiendo que con el esfuerzo indicado, todo lo merecía. Sus padres pretendieron que fuera educada y refinada en lo social, preparada y estudiada en lo académico, por lo que parecía una mujer genial.

El destino quiso que se encontraran y para ella se hizo su hombre ideal y para él, ella se convirtió en la mujer perfecta.
La ceremonia de la boda fue fantástica, el mejor banquete, el mejor servicio. Un frac negro enaltecía la masculina figura haciéndola gallarda y altiva que esperaba en el altar, feliz, nervioso y una ansiedad en el estómago que parecían mariposas alocadas. De pronto la vio venir…
Vestido blanco con una elegancia impresionante, largo velo que hacía juego con la cauda llena de cristales que brillan al sol y al compás de ligeros pasos llenos de amor, la tiara finamente colocada en el alto peinado que enmarcada aquella cara iluminada por la esperanza y la alegría, la hacían lucir como la realeza misma.
Ante Dios se juraron amor eterno…
Mariano la miraba y se embelesaba, estaba perdido por ella, y la colocó en su pedestal personal para siempre…
Pasó la ceremonia, pasó la fiesta, llegó la noche de bodas, solos frente a frente, se miraban tímidos con ansias locas de poseerse ya mutuamente. Ella se dejó conducir por la maestría de los brazos de su hombre, él la guía con ternura y delicadeza pues es su princesa, la más delicada y suave. Cerraron las cortinas translúcidas, apagaron la luz y se entregaron a su amor.

Despunta el alba, la claridad del día apenas deja entrar algunos rayos del sol. Mariano amodorrado, trata de despejar su mente, voltea a su derecha y sólo ve la amada espalda desnuda casi cubierta con la sábana ligera, sonríe enamorado y se incorpora saboreando el momento.
Ya de pie, vuelve su mirada y abre los ojos con asombro, pasmo e interrogación divertida.
Ángela dormida pesadamente, está con el cabello todo revuelto y desordenado, con una posición torcida y poco femenina rozando lo grotesco, la sensualidad pareciera que se le escapó… Mariano da un paso y vuelve de nuevo su mirada a su amada tratando de comprender; de pronto sin que se lo esperara, la ligera sábana que reposa sobre la cadera de Angela, se movió intempestivamente al mismo tiempo que se emitía un “pprrrrr”; Mariano se sobresaltó ingenuo, arrugó la nariz y se la tapó, ante un olor pestilente que duró unos 10 segundos…
Sonriendo por la sorpresa se encaminó al baño preguntándose “¿Será esa mi Princesa?¿qué pasó con mi princesa?… ¡Diiiooooos!”, talló sus ojos, se echó a reír y se metió a bañar divertido.

Una Carta de los Reyes

Mamá, mamá.. mis amigas de la escuela dicen que los Reyes Magos son los padres ¿Es verdaaaad?
La madre de Maria sonríe, le da un beso y le dice:
– Mira Maria… Tengo que enseñarte algo que guardo en este cajón desde hace 7 años.
Su madre saca del cajón un sobre blanco. Lo abre y le dice a Maria:
– Esta carta la recibimos en casa el día en que naciste. Es una carta escrita por los Reyes Magos y que nos piden que les hagamos tres favores. ¿Quieres que te la lea?
– ¡Sí mamá, por faaaavor!

Apreciado papá y apreciada mamá de Maria,
Somos los Reyes Magos. Sabemos que acaba de nacer Maria. Es un niña preciosa que los va a hacer muy felices a los dos. Ya saben que cada 6 de enero nosotros vamos en silencio a casa de todos los niños y les dejamos unos regalitos para celebrar el nacimiento del niño Jesús y para decirles lo orgullosos que estamos de ellos.

Pero a partir de ahora no podremos hacerlo porque estamos muy viejecitos y cada vez hay más y más niños en este mundo. No podemos ir a casa de todos. Además, ayer me caí del camello y me rompí el brazo (soy Melchor, un poquito torpe); Gaspar es muy lento porque camina con la ayuda de un viejo bastón y Baltasar, ¡nuestro viejecito Baltasar!, se olvida siempre de dónde tiene la lista de los regalos. Como ves, ya estamos muy mayores y necesitamos pediros tres favores muy importantes:

1er favor: Que nos ayuden a poner los regalos a los niños. Cada padre y madre harán nuestro trabajo el día de Reyes: leerán las cartas de sus hijos y, con la misma ilusión que la nuestra, les pondrán los regalos como si fuéramos nosotros. Así todos los niños del mundo tendrán sus regalos y nosotros podremos descansar y ver, desde lo lejos, sus caritas de alegría.

2º favor: Como esto es un gran secreto, no se lo pueden decir a Maria hasta que cumpla los 7 años. Cuando tenga esta edad, ya será mayor y sabrá guardar este secreto. Los niños pequeños no deben saber que nosotros ya no podemos poner los regalos y que son los padres los que nos ayudan porque sino… ¿qué pensarán de nosotros? ¿dónde estará la mágia? El secreto se ha de decir solo a los niños responsables, a los que ya pueden entender que nosotros les queremos mucho y que por eso pedimos ayuda a sus padres, las personas que más los quieren a ellos.

3er favor: Algunos padres que nos ayudan están enfermos o no tienen dinero para comprar regalos a sus hijos. Y también hay niños que no tienen la suerte de tener dos papás. Por eso, necesitamos que sus hijos se conviertan “un poquito” en Reyes Magos y compartan algunos regalos con los niños que no tienen tanta suerte como ellos.

Nada más. ¿No es demasiado, verdad? Cuando Maria te pregunte por primera vez quiénes son los Reyes Magos léele esta carta. Entenderá por qué nosotros hemos confiado en ustedes para hacer nuestro trabajo: porque son las personas que más lo quieren en el mundo y que mejor pueden ver su enorme y bondadoso corazón de perla.

Melchor, Gaspar y Baltasar

Queridos Reyes Magos, este año me he portado...

Laura y Lupilla

Hace algunos años, cerca de las inmediaciones de lo que hoy conocemos como Eje Central Lázaro Cárdenas y la calle Peón Contreras, existía una vecindad donde una vivienda albergaba la familia humilde con dos pequeños: Andrés y Guadalupe… no muy lejos de ahí,  estaba la casa de una familia con una condición económica mejor que la primera y en donde también vivían 2 niñas: Elena y Laura.

El destino quiso que estas familias se encontraran haciendo que  Nachita, tía de Laura y Elena, se convirtiera en madrina de bautizo de Lupe; así empezaron entre las niñas lazos amistosos, propios de la edad y las actividades de cada quien.

Sucedía que ya para todo, las tres niñas estaban juntas, Elena, Laura y Lupe.  La escuela, los juegos, otros amigos, pero siempre juntas… sin embargo, el lazo entre Laura y Lupe, fue más fuerte.

Tenían ambas la costumbre de compartir, una a otra se contaban sus primeros amores y decepciones, sus primeros trabajos y gustos, triunfos, logros, ilusiones y sus tristezas…todo lo que formaba parte de sus vidas lo sabía la una y la otra.

Se han acompañado en los momentos más importantes de sus existencias: la muerte de familiares, el matrimonio y la maternidad… tal era el cariño que se tenían que justo la maternidad, la fortalecieron cuando llevaron ante la pila bautismal, a los hijos e hijas de ambas; y fue bello ver crecer juntos como primos a Ricardo, Edmundo, Socorro, Antonio, Maiella y Alejandro.

Laura contó emocionada a Lupe la decisión de Ricardo de entregarse a Dios, y Lupe contó a Laura la inmensa dicha que sintió cuando iba a ser abuela por primera vez.  A su manera, vivían la emoción de la amiga y compartían el sentimiento que en cada momento las embargaba

Al tiempo, aun cuando cada quien tenía su vida hecha, que ya no se veían con la regularidad acostumbrada, Lupe y Laura estaban al pendiente de continuar con la amistad a través de llamadas telefónicas o visitas esporádicas y con una que otra reunión con amigos y familia.

Mas el tiempo es implacable con la naturaleza humana y hace estragos que no vemos hasta que están ya muy profundos y ya no hay vuelta atrás.   Cuando el cuerpo humano empieza a desgastarse o  cuando empieza a perder sus habilidades cuando se ha vivido tanto, nada hay que pueda hacerse, tan solo paliar los dolores físicos  y conservar en la memoria lo más memorable que guarda el corazón.

Por el paso  tiempo, una de ellas, Laura, ha empezado a decaer al padecer una enfermedad irreversible que al evolucionar, le impedirá recordar algunas de las cosas que alguna vez vivió con la mejor amiga que el destino le pudo dar; no podrá recordar que sus ahijadas la vieron siempre bella y le demostraban un cariño limpio y bonito; no podrá recordar tantos detalles y vivencias en familia y con amigos fraternos… y no podrá saber que Lupe cuenta anécdotas de cuando era chicas, ni cuánto la quiere aun … a pesar de la distancia de sus domicilios.

Pero, queda siempre dentro del alma, la esperanza de que alguna vez recuerde hasta el final de su destino, el nacimiento de esa amistad, y quizá recuerde por siempre y en todo momento, el amor de hermanas que se han profesado siempre.

En este 2021, se cumplen ya más de 8 décadas de esa amistad que inició allá por los años 40’s…cuando ambas niñas tenían casi  7 de edad.  

Amor de locos

La gente se arremolinaba en las puertas de aquel departamento de la planta baja del edificio blanco que situaron en aquella enorme calle para que habitaran ahí gente “bien”, en donde la mayoría de los que ahí vivían eran profesionistas de diversas actividades

En los seis departamentos se podía mirar un tipo de vida desahogada económicamente, pero nadie podía saber de las carencias internas que alguno podía tener; así, ese domingo soleado, la gente buscaba enterarse de los que había sucedido y poder contar el suceso como si eso ayudara a alterar la pasividad a la que estaban acostumbrados.  Todos habían escuchado una discusión acalorada y violenta, ruidos de cristales rompiéndose, arrastrado de muebles, gritos y llantos… después calma momentánea.   Tras un largo silencio, en la madrugada alguien entró al departamento y volvieron los llantos, acompañados de  “perdones” y “te amo” y más tarde, ruidos ahogados provenientes de un arma.

Eran las seis de la mañana cuando la policía apartó a empujones a la gente; al entrar, la visión logró impactar aun a aquellos que estaban acostumbrados a escenas de sangre y muerte; era como si alguien se hubiera tomado el tiempo de marcar el sufrimiento.

Las paredes mostraban infinidad de orificios de bala sobre ellas, los vasos, platos y otros objetos de cristal rotos, seguían en el piso pero ahora también cubiertos de sangre, los muebles quitados violentamente de su lugar, mostraban sangre en charquillos y huellas de golpes, como si hubieran aventado cosas sobre ellos; en el corredor que lleva a las habitaciones de dormir, sobre el piso, yacían dos cuerpos inertes ya, con las rodillas dobladas como si hubieran estado arrodillados al momento de la muerte, pero que se mantuvieron abrazados …hasta el fin.

El cuerpo femenino mostraba golpes diversos, el forense quitó los lacios cabellos de la cara, en donde pudo ver moretones en el pómulo, un labio roto, dos dientes tirados y sangre en la nariz, también había sido lastimada de brazos y piernas, tenía en el cuello marcada una mano; el cuerpo masculino tenia también muchas laceraciones, la boca mordida, la piel de la espalda había sido casi arrancada con unas uñas que también había provocado algunos orificios que sangraron profundamente.

¿Qué había pasado ahí?

Una hora después llegó un amigo de aquella pareja en desgracia y fue tomada su declaración:

– “Yo sé que se amaban, eso nadie lo puede negar.  Pero ella se quería ir, no con otro, no con nadie… quería salir y viajar con su madre.  El le suplicaba que no lo dejara, que no podría vivir sin ella, que podrían esperar las vacaciones para ir juntos los tres.

Anoche vino Leo a mi casa, era como si estuviera triste y enojado.  Acababa de discutir con ella. Nos tomamos un par de tequilas para que se calmara y creí que así había sido.  Le sugerí que le pidiera perdón a Lucía y que hablaran las cosas.  Me dijo que si y después de una hora, salió de mi casa con rumbo a la suya, era la 1:00 de la mañana cuando se fue.

Tenían un romance bastante singular, un amor –a mi gusto- controlador y enfermizo por parte de ambos, cada uno tenía que informar al otro lo que hacía y lo que no, ninguno hacía nada si el otro no estaba de acuerdo, pero jamás los oí discutir, pelear; se llenaban siempre de halagos, piropos y amor.

Ahora entiendo porque murieron así.

Ella le dijo que se iba con su madre y empezaron a discutir, se aventaron de todo, como puedo ver; él salió a tomar un respiro, fue conmigo y cuando se fue, en ese tiempo buscó a alguien que pudiera proporcionarle un arma (para espantarla, seguramente), pero  entre la angustia, el miedo y el amor ofuscado, ella le pedía perdón por lo que iba a hacer, él disparó a las paredes para amedrentarla, ella lo abrazó llorando… se golpearon y lastimaron hasta el cansancio, se besaron hasta no poder más… vea oficial, vea los labios de ambos, están secos, hinchados.

Estoy seguro que él le volvió a decir las palabras de siempre: “Tú para mí, yo para ti, siempre”; ella llorando, le diría que tenía que irse, le entregaría su álbum lleno de fotos de ambos amándose y sonriendo y las llaves del departamento hasta que regresara.

El no aguantó más y le disparó, al ver brotar la sangre de su amada, empezó a desesperarse e ir de un lado a otro con las manos manchadas sin saber qué hacer, lo que explicaría las huellas en el piso y las paredes, después al regresar a auxiliarla, ella con dolor y sorpresa, se abrazó a él  aferrándose a la espalda, con sus uñas lo arañó una y otra vez, quitándole la piel poco a poco; antes de desfallecer, se hincaron juntos y se mantuvieron abrazados, en el álbum ella escribió y enmarcó con su sangre la frase “hasta el fin yo tuya, tú mío” y antes de que muriera, él puso también “Tú para mí, yo para ti, siempre”; se tomaron de las manos, se abrazaron y con el arma justo en medio de ambos, él disparó para morir los dos, juntos.

Eso es oficial, lo que seguramente pasó… el triste final de un amor que los deshizo a los dos”

Quedan tus huellas dactilares en mi espalda

La policía ha abierto una investigación

El forense dijo «aquí la cosa está muy clara,

Los culpables del destrozo fueron dos».

Quedó metralla en las paredes

Aún huele a pólvora la sala

Dos egoístas sin disculpa enfrentados

Otros lo llaman amor.

Quedan rescoldos del pasado

Algún recuerdo fotográfico

Aquél recuerdo de los viajes

Quedan tus llaves y un amargo sabor

De esto que llaman adiós…

Miguel Angel Boizo

Fer y María Luisa

No existen casualidades en la vida, siempre habrá manera de vincular lo que tiene que vincularse. Hoy la tecnología nos da facilidades de enlazar historias propias o ajenas que de otra forma podríamos pensar fueran imposibles

Como aquella en la que él encontró de una manera casual un hobby, o deporte, o como quieran llamarle: La Excursión, La Escalada, La Ascensión a una Montaña…  y es que el destino se las sabe de todas, todas.

Y sucedió que un día EL, asistió a una fiesta donde se pretendía recaudar fondos para apoyar al grupo de la 1a Expedición Femenina al Monte Victoria, en las Rocallosas.

Entre el relajo, las amistades, el baile y demás chulerías, la conoció. Los presentó un amigo porque se le hacía raro que tuvieran el mismo apellido. Presencia femenina fuerte que actuó como un imán. Piel blanca, poco más alta que él… luego esos ojazos claros que lo miraban sin parar de una manera enigmática y que le hacían ganarse el mote de «La Bicha».  Sonreían ambos, no se creían, era casi imposible, pero así funciona el destino.

Su padre hace mucho tiempo atrás vivía en Amanalco, pero decidió un día hacer camino… llegó a un pueblo al otro lado del Estado.  Se enamoró de aquella mujer muy chaparrita pero de un carácter de los mil demonios, pero que le correspondió y al paso del tiempo le dio 2 hijos, un varón y una «hembrita» … pero como se sabe que era una especie de oveja negra de su familia, un día partió y retorno por donde vino… a su casa, a su esposa y a sus otras 2 hijas.  ¡qué fuerte situación! … pero al paso del tiempo, todos se acostumbraron, unos a perdonar, otros a olvidar.

No contaba con su padre, pero la naturaleza le dio cobijo y amor. Conoció ese deporte y al escalar se le olvidaba todo malestar. Después del trabajo necesario,  vivía para escalar y escalaba para no morir.  Visitó montes, valles, rocas, ríos subterráneos, creó su propio club.. amaba el ambiente porque además había bailes y fiestas, como en donde «casualmente» la conoció a ella.

Se supieron al tenerse frente a frente y antes de despedirse de aquella fiesta, quedaron de verse… lo hicieron durante 6 meses, hasta que ella se despidió de él porque salía de viaje ¿a dónde? … A Las Rocallosas, al Monte Victoria, en Canadá.

– Hermana, llévame a río subterráneo…- le pidió él, porque ella era la experta.

– Será a mi regreso, porque preparo mi salida a Canadá- contestó ella.  – Nos vemos a mi regreso, Cuídate Fer !

Pero ella no volvió, la tragedia y muerte cubrieron aquella pretendida conquista a la montaña. El Monte Victoria no la dejó regresar, viva.

El visito grutas, subió el Izta, el Popo, otros cerros y montañas, pero jamás, el río subterráneo.

Fue entonces que él captó sin entender los mecanismos inescrutables del destino… Aquella fiesta, la presentación, el mismo apellido, historias parecidas los llevaron a saber que compartían —>el mismo padre <—…así pues ¿cómo no iban a coincidir si llevaban el amor por la montaña en la misma sangre?  El destino necesitaba hacerles saber a ambos que existían ellos como hermano y hermana….además de otras 2, Anita y Yolanda.

Me pediste…

De la autora Rosa Maria Jiménez Marzal

Me pediste que cambiara de forma de vestir, aquello que te atrajo, ahora te parecía vulgar, todo me sentaba mal, era corto, atrevido, demasiado estrecho o colorido.

Me pediste que me cortara el pelo, esa melena que te volvía loco no me sentaba bien, era frívola, escandalosa, siempre enredada, al viento.

Me pediste que dejara mis aficiones, eso que te parecía interesante, dejó de serlo. Era una perdida de tiempo, no lo hacía bien, me ponía en evidencia…

Me pediste que me alejara de mi familia, esa que te abrió la puerta y con la que tan buenos ratos pasaste. Eran una mala influencia, me cambiaba el carácter cuando estaba con ellos.

Me pediste que dejara a mis amigos, te resultaron graciosos pero ahora me roban tiempo, me meten ideas, son un mal ejemplo.

Me pediste que no me maquillase. Me conociste así y decías que tenía el rostro perfecto de un cuadro. Ahora exagera mis facciones y me hace parecer una buscona.

Me pediste que dejara la iglesia. Te encantaba verme cantar en el coro. Ahora te parece que me están influyendo e inculcando ideas perversas.

Me pediste esto y lo otro, haciendo de mí una persona a tu antojo. Una criatura sin alma, sin una personalidad definida, un juguete roto que nadie te pudiese quitar.

Y ciega de amor fui consintiendo cada capricho, arrancando de mi, parte de mi esencia, estropeando mi aspecto, limitando mis capacidades.Pero un dia me vi en un escaparate y fui consciente del destrozo que suponía la relación contigo.

No me vi, era una mujer mayor, vestida de gris, con el pelo corto, sin arreglar… la versión más hilarante de quien era en realidad.

Fue una toma de conciencia frontal. En ese momento me volvió la sensatez.

Cuando llegaste a casa me encontraste con un pantalón corto y una camiseta de tirantes, sandalias, un corte de pelo moderno y maquillada.

Vi tu ira y consternación, me dirijiste un dedo acusador

– ya te estas quitando todo eso, pareces una cualquiera. Te pido…

– has pedido demasiado, me harté, nunca podré ser esa clase de mujer que buscas, asi que te voy yo a pedir algo.

– ¿a mi que me vas a pedir si te lo doy todo?

– Que te vayas…