Buen chico

-Mamá, ayer tuve mi primer experiencia…no sabes!! Me siento con toda la euforia desbordada,
Fue increíble y excitante, nunca lo hubiera imaginado, no se parece a nada de lo que me habían contado…es mejor la sensacion.

Ahí estaba, como esperando de siempre. Así, sentado dentro de su auto, mira a la nada con fastidio, de vez en vez mira su reloj como para acortar el tiempo.

Nuestras miradas se cruzaron y quedaron fijas; caminé hacia la puerta trasera, me subí al carro tratando de no apartar mis ojos de los suyos, me acomodé tras su asiento sintiendo que el corazón saltaba

Ahí estaba mi aventura iniciando.

Permanecimos en silencio, yo con la ansiedad a punto de explotar…aun había silencio, los nervios me dominaban, quería dar yo el primer paso, pero como era mi primera vez no sabía qué hacer.

No lo niego, por un momento sentí temor, pero la negrura de la noche me ayudó, así que la convertí en mi cómplice.

Fue mi movimiento más rápido…y en décimas de segundo mis manos recorrían su ropa, tocaban su cuerpo tibio…un reloj, una cartera con algunos billetes.

¡wow! Tenía tanta prisa, pero me quedé ahí, disfrutando ese momento excitante y lleno de adrenalina casi en el paroxismo, con mis manos ensangrentadas, mirando como aquel infeliz quedó sentado en el sillón mientras un borboteante hilillo rojo y brillante salía continuamente por el cuello, dejando, poco a poco, vacío aquel cuerpo masculino al que con una navaja y en menos de un segundo le arranqué la vida

-Sí, Madre, tu nene se dejó seducir por la maldad…no, no fueron los amigos, no fueron la familia, no fuiste tú. Tan sólo es mi alma que no quiso ser buena, yo quería sentir una sangre caliente, enfriarse en la noche, pero no de mi cuerpo.

Ja ja ja!! madre… lo hice, lo hice!! Cumplí mi deseo, pero no llores ni sufras, respeté tus enseñanzas y no lo robé, sus cosas se quedaron con él.

Lo ves? Después de todo no soy un mal chico. Soy un asesino, pero no ladrón.

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Algún día

Esto lo hallé en un blog y me encantó

———

Quiero verte, abrazarte por un momento,

aprenderme de memoria el espacio justo

que ocupas entre mis brazos.

Apretarte un poco, no tan fuerte para no asfixiarte,

ni con debilidad, para no dejarte ir;

Lo suficiente para calentarnos antes de encendernos.

 

Sentir tu respiración y escuchar tú palpitar,

que deshagamos en nuestra piel

todo lo que nos hemos construido con palabras;

Quedarnos en silencio para despertarnos todo

a la hora de acostarnos sin nada.

 

Que no nos haga falta dormir para soñar juntos

y que al dormir juntos, soñar sea lo último que nos importe.

 

Algún día mi amor…

Algún día dejaremos de decirnos

“Algún Día”. 

Vic Valladares

Espejo Retrovisor

De repente los descubrí; estacioné mi auto unos meteros adelante y ni siquiera notaron mi presencia.  Platican cerca de un árbol que les oculta de miradas indiscretas e “juzgonas”.

Era un atardecer de invierno, de esos en los que el sol decide ocultarse más temprano y permitir que la penumbra llegue lentamente y parezca que permanece.

Los miré por el espejo retrovisor; me gustaba su risa juvenil sin recato.. el coqueteo natural de ambos al mover sus manos, sus cuerpos.  Ella agitaba su cabello largo y suelto a la libertad del aire, él, daba pasos al frente y atrás continuamente. Se miraban con destellos de insinuación.

Desvié mis ojos a otras cosas, sin embargo aquellas imágenes despertaron mi curiosidad.  Después de algunos minutos levanté la vista y fue entonces que los vi ya muy juntos, sus manos acariciándose pero sin despegar la mirada de los ojos del otro.

Sus labios se unieron en un beso juvenil y ardiente. El juntó su cuerpo al pecho de ella; ella instintivamente, ofreció su cadera.

Las masculinas manos rodearon aquella cintura mientras las manos pequeñas tomaban la barba de él para no permitirse dejar de besarlo. 2-3 minutos, tal vez 5, así.  De pronto, esas manos que sostenían la cintura, bajaron a las caderas y empezaron a apretar y acariciarlas, a empujarlas hacia su pubis que en la entrepierna tenía un bulto ya notable.

Ella se dejó llevar, tan solo de ocasión, buscaba miradas ajenas, pero inmediatamente se perdía en aquellos besos y caricias clandestinas a plena calle.

Los dedos de manera instintiva subieron lenta pero urgentemente a los pequeños senos de ella que ya se mostraban dispuestos a las caricias. Se envolvieron en su mundo, se enfrascaron en tiernas caricias ya ardientes.  Se tomaban el uno a otro sin importar nada de su alrededor.

Una blusa se abrió y unas manos se perdieron dentro de ella.  Unos tiernos ojos levemente maquillados, voltearon al cielo para luego cerrarse para disfrutar esa pasión.  De ese jugueteo, el camino al paraíso se empezó a abrir para él, cuando también se perdió por debajo del pantalón de ella hacia aquel monte venus virgen.  Aquella mano se paseó una y otra vez por aquella calidez húmeda y sensual… y su nariz olfateaba los senos, y su lengua, lamía los pezones.  Había gemidos, lo sé, aunque de manera callada.

Y aquel árbol que servía de parapeto fue el testigo mudo cuando de aquel juego sexual de manos inexpertas.. nació el acto de placer más rico entre un hombre y una mujer, cuando en un acto de valentía y fuga sexual, él ya está dentro de ella, que se aferraba a ese cuerpo que ya la poseía deliciosamente.  Y se movían lento, despacio, al compás que marcaban sus respiraciones y sus cuerpos para que nadie los oyera o descubriera.

Yo desde mi espejo no pude quitar la vista de toda esa escena,  imaginé la ricura de ese pecado y deseé estar en esa situación. Peligrosa, incitante, poco pudorosa… pero no, no es ya mi turno.

Yo ya he pasado de esa edad alocada, hoy intento mantener algo de mi cordura aunque admito haber perdido algo de ella cuando al sentir en mi entrepierna, algunos temblores totalmente voluntarios provenientes del deseo que provocó aquella visión vespertina que sin querer me regaló el espejo retrovisor de mi auto.

beso callejero

 

 

Rapto

Siempre caminaba con su personalidad erguida y distinguida, elegante al pasar y seductora al mirar, porque gustaba de vestirse de manera formal a manera que pudiera dejar una buena impresión en quien tuviera algún trato con ella.
Su cabello largo y lacio lucía casi siempre una coleta de caballo o si no, lo dejaba suelto en graciosos mechones que le daban un aire de cierta inocencia a su porte.
Se le consideraba una persona sensata, prudente, cabal y de amplia probidad… también era una especie de consejera en la amistad, una guía para la vida de algunos que le rodeaban, ya que su propia vida era conocida, ya platicada por ella, ya por secretos a voces, como un ejemplo a seguir.
Era lo que algunos darían por llamar una dama “única”.
Tenía de vez en vez un romance o un amor lo suficientemente lindo como para mantenerlo un tiempo, pero no pretendía conservarlo. Gustaba de los hombres, pero no permanecer con ellos, no quería engancharse para siempre, tenía miedo… amaba los detalles que le obsequiaban, flores, chocolates, poemas; aceptaba y retribuía la ternura con la que trataban, pero después de ahí, ya no más.
Mantenía un secreto callado y obscuro le paraba la respiración y la mantenía en vilo…
rewpto
Toda aquella bondad y ternura que emanaba en su diario vivir, contrastaba drásticamente con perturbadores sueños y fervientes deseos de posesión que cada noche le acompañaban al momento de dormir borrando toda la magnificencia de su vida conocida y dejándola a un lado.
De nuevo llega el momento y ella está ahí, otra vez, como cada noche…ese anhelo, ese deseo. Lo quiere, lo necesita, lo implora… pero se siente enloquecer cuando a intervalos la cordura le vuelve.
Fiebres temblorosas le acompañan al tocar su almohada, escalofríos le recorren la espalda sin poderlo evitar, sus lindas y torneadas piernas “hormiguean” al contacto con las blancas sábanas, su pecho se agita al más mínimo roce de su ropa o de sus propias manos, su cabeza se mueve de un lado a otros sin cesar al momento de cerrar los ojos, su vientre y monte venus palpitan, y su flor vaginal se humedece tibiamente sin poderlo evitar
Todo, tan sólo al imaginar…
Imagina que cada noche llega. Violento, sagaz, directo, sin ningún preámbulo ni duda… Fuerte y decidido; ese que le arranca la vestidura, que la empuja a la cama, que la besa a la fuerza, que le abre las piernas, que la obliga a entregarse… un alguien a quien no le importe el amor, porque solo busca el arrebato, el rapto sexual.
Ese que la estruja sin piedad, que manosea sus senos y muerde sus pezones, que le atraviesa el sexo sin piedad ni calma, que le toma el cabello y le jala para satisfacerse él y nadie más que él. Que sin mirarla la posee para sí sin compromiso alguno, que no permite que ella intervenga en ese sexo furioso y febril; la entrampa, su boca masculina y tosca le asfixia las ganas y los gemidos dejando algunas marcas de presión en sus muñecas o en su cuello.
Y nadie sabe que en su interior pide que esto alguna vez llegue, sueña que ese ser que no tiene cara, cuerpo ni nombre, la abusa una y otra vez;
Y en ese cuerpo delicado y sensible, se vive a diario la paz y la guerra que se entremezclan de manera interminable.

Empecemos

Estamos aquí, tan sólo tú y yo compartiendo una especie de abandono y soledad.

Te miro me estremezco, me pongo nerviosa; esto no es común.
Me emociona recorrerte, conocer tus intimidades y lugares recónditos que nadie ha visitado.

Hay una emoción entremezclada tan sólo de pensar qué tienes escondido… para mí.

Se ha terminado el café matutino, el sol nos baña con tierna calidez, ya estamos aquí, nos tenemos y estamos disponibles.

No sé como empezar. Repito, estoy nerviosa, por lo que actúo torpemente al ser esta mi primera vez en tí o casi.

Quiero verte tal cual, conocerte y hacer de tu presencia una propiedad a la que le confíe mis sueños, mis fantasías y mis locura.

Te recorreré despacio y a mi antojo; no hay prisa. Sabré de tí, te escucharé murmurar y tú me oirás reir. Esta entrega mutua, será inolvidable porque seremos cómplices.

Ven ….. empecemos




… y es así  como yo le hablo a mi solitaria escuela porque todos están en Consejo Técnico y no hay nadie más…

escuela2

Alguien

8 de la mañana… la claridad del día apenas se estrena.

Con su sonrisa coqueta se desliza sobre las sábanas blancas y aun tibias por quien que apenas se separó de ahí, se envuelve para que sean brazos que la aprisionan seductoramente; se las lleva su cara para aspirar y memorizar aquel olor que la cautiva y la enloquece, sí, el aroma de él.

Mientras cierra los ojos para dejarse tocar y llevar al ritmo del deseo, se va despojando de ataduras mentales, de tabúes sociales y disfruta su cuerpo y el de quien la acompaña en ese viaje de ternura y pasión.

Se entrega… se deja caer al abismo de la lujuria que por dentro le consume desde hace tanto tiempo. Abraza, araña, muerde, suplica caricias…. Manifiesta impúdicamente el deseo fervoroso de pertenecerle.

Se sienta en la mullida cama… Arquea su cuerpo dejando desnudos sus pechos sugerentes para que se los devore o mime con su lengua.  Siente la delicia de aquella boca.  Abre instintivamente sus piernas, le urge a la posesión, no puede más. Está con ganas de todo y más.

Jadeos, gritos ahogados, placer, orgasmo, satisfacción… sonríe.

Más, ya son las nueve… es hora de borrar cualquier huella de su estancia en aquella cama, o en la casa; no estaría bien que la gente viera que diario va de “visita” cuando no hay nadie… o en su caso, sería muy impactante admitir que delira y fantasea apasionadamente desde hace mucho y sobre aquella cama con el hombre que es pareja de la señora que vive ahí y a quien se le ha entregado en mente hasta la autosatisfacción, al menos tres veces por semana.

sabanas

Sin Luna

Luna no te veo… ya no.

Te quiero de vuelta, como cuando sentí que me pertenecías

Como cuando las sombras nocturnas desaparecían a tu paso, me encontrabas … y observabas mi sentir

La locura era mía, sentada en un sillón … me acompañabas convirtiéndote en mi cómplice, hasta el momento de despertar de la ilusión.

Luna no te veo … aunque sé que estás